Siempre pensé que su mente era fría y analítica un as de la física y las matemáticas, pero no, es curioso como solo ves espejismos de la gente que tienes cerca. Lo que sí era cierto es que odiaba lo feo, sí, sobre todo la gente fea, no le gustaba demasiado la realidad. Y, claro en la adolescencia uno piensa que consiguiendo cambios neuroquímicos todo será diferente; después de pruebas de vértigo que casi cuestan la vida, se decidió por maquillar la realidad, si, era maquilladora y de las buenas, podía conseguir cambiar los designios de la naturaleza y desafiar a dios. También tenía cierto gusto morboso por lo esperpéntico, sus primeros pinitos como maquilladora fueron dentro de publicidad, que lugar para que lo feo o, mejor dicho, lo insignificante parezca fascinante. Su forma de trabajar era lo realmente llamativo, podríamos decir que se trataba de un fetichismo total, porque era el hombre en su totalidad lo que para ella era un fetiche, cuando comenzaba a maquillar despojaba a la persona toda humanidad, del alma y solo se quedaba con su cuerpo. Un día le propusieron un sp ot con un personaje de esos que casi dirigen el mundo, ella entró en su ostentoso despacho en la cúspide de la ciudad, todo era extraño, miles de asesores técnicos, estilistas, cerró la puerta y, por fin a solas con él, después de varias horas de trabajo y delicada dedicación terminó, recogió sus cosas y marchó, cuando entraron la felicitaron por un trabajo tan perfecto, joder, no parecía humano, era como de cera. Cuando llego a su casa extenuada por la jornada, guardo con mimo el alma del poderoso junto a su colección, entre tantas, la verdad, no era muy diferente al resto.
Concha 2002