Todo proceso turbulento que intente pararse puede llegar al caos
He leído un artículo sobre la creciente necesidad de atención psicológica en España.
Una de las cosas que señala el artículo es la "psicopatologización" de los acontecimientos vitales con los cuales irremediablemente hay que sufrir, pérdida de un ser querido, ruptura de una pareja, problemas laborales, "Vivir, algunas veces, duele". ![]()
Para entender la muerte es necesario comprenderla en todas sus dimensiones; la primera vez que experimentas la pérdida de un ser querido, esa extraña fase donde te das cuenta que nunca volverás a ver a la persona.
El primer desamor, tan doloroso y tan unido a la adolescencia, encerrad@ en tu habitación con la música más triste, tan poético.
Pero, ¿que nos ocurre, no es tendencia el dolor, solo está permitido si es moda?, un tattoo, un piercing, cortes con cuchillas, ¿que están pidiendo los jóvenes en un mundo donde no es de buen gusto sufrir?.
El anestesiar los sufrimientos del alma, el intentar pararlos puede hacer que aparezcan con más virulencia, que no desarrollemos armas para una próxima vez, que no comprendamos la vida en su totalidad, por otro lado, si no sentimos dolor ante estos acontecimientos vamos hacía una sociedad habitada por psicópatas sin emociones ni pasiones.
Jean Didier Vicent en su libro "Biología de las pasiones"dice que no hay manifestación más personal de lo real que el dolor y que nuestro cerebro es una adormidera que florece como una blanca amapola y para calmar nuestros dolores segrega una especie de opio.
Si este modelo biológico lo aplicamos a los sentimientos, a las pasiones….
Echeburúa habla en el artículo del mayor grado de expectativa sobre el bienestar emocional y de que ha bajado el grado de tolerancia al sufrimiento.
Creo que es importante diferenciar el sufrimiento psicológico que te impide decidir sobre tu vida, que te atrapa en determinadas cosas o que te "mutila afectivamente" de los duelos que son necesarios para seguir avanzando.
Ni la vida es un valle de lágrimas ni un mundo feliz, ¿no?.