Hace unos días, atendí en mi consulta a una madre de adolescente muy preocupada por su hija, esta había llegado a casa con marcas tras una discusión con su novio, la madre tomo medidas judiciales, la hija se enfadó mucho y la dijo “No te metas en mis cosas, es mi forma de relacionarme y también la de mis amigas”.
Recuerdo con estremecimiento y fascinación la película “Salto al vacio” de Calparsolo, sobre la violencia en jóvenes, ha llovido mucho desde el año 1995, y los programas de información y de formación para unas relaciones llenas de pasión sin marcas, ni heridas. ¿Que pasa, que se hace mal?.
La información en si no cambia comportamientos y menos la sobresaturación y menos si los jóvenes lo ven como una aburrida asignatura más.
Los jóvenes tienen la necesidad diferenciarse y vivir de forma diferente a sus padres, de oponerse a sus normas, de elegir su camino y de reinventarse su forma de vida, el que todo los adultos les digamos como tienen que ser las cosas puede ser un efecto revote que lleve a radicalismos y a hacer todo lo contrario.
por otro lado, nos encontramos con que cada vez les cuesta más tener secretos y cultura propia, “tu padre conoce al “dedillo” los usos y costumbres de las tribus urbanas, si vas a salir con tu chica/o te dan el preservativo, si consumes drogas tus progenitores te cuentan sus pro y contra y…con nostalgia te hablaran de sus experiencias, es posible incluso que salga contigo de marcha y sea el/la más festero/a. Con este panorama ¿Que hacer para individuarse?.
y…existe un fenómeno social que en nuestro país, es relativamente nuevo y que afecta sobre todo a los jóvenes “las parejas biculturales o transculturales”, donde los roles, el sexo, el estilo de vida tienen un significado y sentido diferentes, que si bien en las primeras fases del enamoramiento parecen no estar presentes con la consolidación van aflorando.
Cuando se da información o formación en cultura y violencia de género, se cae muchas veces en el “delirio apologeta”,y quizás esto no sirva a los jóvenes, hasta en los talleres más creativos existe una lección que hay que aprender.
Creo que el “constructivismo social y la mayéutica, son las formas más respetuosas y útiles de hacer pensar a la gente por si mismas, y trabajar desde lo emocional la forma de conseguir cambios auténticos, decir a la gente lo que tiene que pensar y hacer solo crea autómatas o “negativistas desafiantes” que hacen lo contrario de lo que se les dice como forma reafirmación.
Siempre he pensado que los “emergentes o pacientes identificados de la sociedad” son los grupos minoritarios, en contra de las normas sociales pero radicalizados que no hacen más que gritar las incoherencias.
Hay cursos que se convierten en verdaderas “cruzadas” contra los hombres, hay tal nivel de confusión que he tenido la experiencia de atender a varones que solicitaban ayuda por pensar que eran maltratadores por una discusión algo airada. Recuerdo una tarde de café con mi querida y gran profesional amiga Lucía, que en esas conversaciones que tenemos los psicólogos/as, donde hacemos autocrítica de nuestras sesiones, me comentaba que trabajando con una pareja les dijo “por favor, no griten y se peleen”, a lo cual ellos respondieron “Es nuestra forma de hablar”.
Cuando en las parejas transculturales surgen las primeras diferencias, quizás tanto amigos como profesionales no tendríamos que sacar nuestra cajita de “etiquetas” y reflexionar con la pareja si son capaces de asumir los abismos culturales y digo abismos porque entre algunas culturas existen y son una evidencia.
“No hay mayor forma de violencia que educar para no aprender a ser libres, pensar por uno mismo/a y mayor forma de invasión que no respetar la intimidad, los secretos…”