Leyendo un artículo de Stefano Cirillo sobre abuso sexual, quedé muy impresionada por la forma tan sutil con la que describía el juego establecido por una pareja, este era el siguiente: “él le propuso el desafío de curarle de su homosexualidad y ella lo acepto”.
Cuando se describe las relaciones de maltrato, el modelo de base es el círculo de la violencia, en el cual, la mujer tiene un rol pasivo y de víctima, desprendiéndose cierta debilidad, si bien es cierto que algunas de las mujeres con las que he trabajado pueden parecer débiles o debilitadas, otras son mujeres muy fuertes, tanto, que algunas veces es difícil de identificar como víctima de violencia de género, o más bien, la fantasía que sobre ella nos hacemos, pero lo cierto es que desde la lectura del artículo tengo otra perspectiva, la aceptación del siguiente desafío: “te propongo conseguir que te ame y te trate como a una princesa, lucha y lo conseguirás”, es posible que no todas las mujeres quieran ser princesas, pero… con las que yo he trabajado, adultas y adolescentes, esperaban un absoluto amor romántico más cercano a la ficción que a la realidad, esto no es lo que quiero enfatizar, lo importante de transmitir es lo siguiente: “ tu, mujer valiente y fuerte aceptas los desafíos, pero igual que aceptaste el de tu pareja puedes aceptar el de la vida”.
El problema de las hipótesis circulares es que se interiorizan como algo que se repite de lo cual no se puede salir, que te roba energía y donde prácticamente pierdes la capacidad de elegir.
Aceptar un desafío, supone un rol activo, asumir cierto grado de riesgo y ser algo intrépid@, por lo que en esencia no presupone que tengas que cambiar tu “forma de ser” sino cambiar el tipo de desafío que quieres jugar, ¿ cuantas veces después de una sesión que creemos fructífera nos dicen? : “Es que yo soy así”, quedando atrapados terapeuta y paciente. Es muy importante como transmitimos las cosas y el metalenguaje que utilizamos, los mensajes latentes de nuestras palabras y nuestros gestos, seguramente no ponemos la misma expresión cuando hablamos de desafío que cuando hablamos del maldito y repetitivo círculo de la violencia.
Si dramatizamos ambas situaciones nos podemos sorprender: una misma mujer representando el rol dentro del círculo, andando despacio y cabizbaja y… minutos más tarde guerrera y desafiante.
“Probad os desafío”